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Cine[Crítica] Wall-eNos encontramos en un futuro lejano pero inquietantemente próximo. El ambiente en la tierra se volvió tan inhóspito debido a la imparable actividad humana que la raza entera tuvo que darse a la fuga a bordo de una enorme nave espacial y se encuentra a la espera de que un día la vida vuelva a ser posible en el planeta. Mientras tanto, un ejército de robots limpiadores recogen la mierda y la comprimen en bloques con los que construyen gigánticas montañas que conforman el paisaje de lo que antes eran fecundas ciudades. Sólo queda en funcionamiento uno de estos robots de limpieza. Wall-e pasa los días recogiendo porquería, haciendo cubitos y apilándolos afanosamente. Todos sus congéneres han caído en acto de servicio, así que su única compañía es una cucaracha. Con ella pasa las tardes al volver a casa del trabajo, mientras organiza los curiosos cachivaches humanos que ha ido encontrando durante la jornada y despiertan en él sentimientos que trascienden a su condición robótica. Porque Wall-e echa de menos el amor. Un día llega a la tierra un nuevo robot sonda que trastocará la tranquila monotonía vital de Wall-e, y con este suceso comienza la aventura del simpático robot. Esta aventura le llevará al espacio, hasta la nave espacial en la que la humanidad perpetúa su patética existencia. El hombre del futuro está gordo como un tonel, pasa el día tumbado en una suerte de diván flotante que le lleva de aquí para allá y observa el mundo a través de la pantalla de su ordenador mientras sorbe alimentos en forma de refresco por una pajita. Debo avanzar antes de dar mi opinión que siento una especial debilidad por las películas de Pixar desde que hace mil años viera un corto de animación por ordenador en el que un muñequito de nieve encerrado pugnaba durante diez delirantes minutos por salir de la burbuja de cristal en la que vivía. Eran los albores de la animación por ordenador y sin embargo aquella creación ya desbordaba ingenio en cada fotograma. Da gusto comprobar que hay cosas que no sólo no cambian sino que mejoran. Algunas de las escenas, sobre todo las iniciales que transcurren en la futurística ciudad desierta, parecen reales. La manera en que se mueve la cámara y cómo las diferentes superficies reflejan la luz es algo nunca antes visto en el cine de animación. El robot, inspirado sin duda en el número 5 de "Cortocircuito", posee una dulzura y una comicidad que transciende a su condición cibernética. La película está llena de metáforas e incluso guiños a otras obras universales como "2.001: Una odisea espacial", y de una manera ingeniosa hace reír, maravillarse, llorar y reflexionar a partes iguales. Wall-e es una tremenda película de animación de una factura excepcional y con una carga filosófica respetable, una cinta que pondrá a cavilar a todos aquellos que tengan más sensibilidad que un gato de porcelana.
[Crítica] TransformersCada cierto tiempo el cine trae hasta nosotros películas que tocan fibras sensibles y levantan ampollas. La superproducción de esta semana, Transformers, tiene los arrestos de abordar un tema muy delicado: nuestra infancia. Debo admitir que no recuerdo demasiado de los Transformers, apenas algunas tardes después del colegio viendo la tele mientras me merendaba un bocata de Nocilla. La serie versaba sobre dos bandos de enormes robots que se enfrentaban entre sí con el planeta Tierra como escenario. Los unos eran los buenos y se transformaban en cosas que molaban: un camión, un coche amarillo con rayas... los otros eran los malos y se metamorfoseaban en ingenios más maquiavélicos: un avión de combate, un tanque, un consolador a gasóleo.... En cualquier caso unos y otros eran duros como el acero y se ganaban el respeto de los chavales con sus habilidades y su imponente naturaleza metálica.
[Crítica] La matanza de Texas (revisited)Película de culto del género de matar gente a mansalva porque sí, vuelve ahora a las pantallas en una versión retocada para adaptarse a los tiempos que corren. Interesante ejercicio cinematográfico que además nos permite filosofar sobre cómo corren los tiempos. La versión original sentó las bases de un género: grupo de jóvenes se ven atrapados en paraje perdido de la mano de dios y termina muriendo hasta el apuntador. Nunca antes había aparecido una motosierra protagonizando una película. La acción comienza cuando los protagonistas, que vienen de México de comprar una marihuana que parece que les va a llegar justa para el camino de vuelta, recogen a una chica en aparente estado de shock. La suben a la furgoneta y, en cuanto se descuidan, la buena mujer se vuela los sesos en el asiento de atrás. Este desafortunado incidente les deja desconcertados, así que se dirigen a la gasolinera más cercana para comunicar el suceso. Poco a poco irán descubriendo que han caído en los dominios de una de esas familias de las praderas norteamericanas que se reproducen de manera endogámica con consecuencias funestas. La revisión de este clásico está francamente bien resuelta, manteniendo la tensión a lo largo de toda la película y con escenas que pendulan entre la asfixia y el asco. Los tiempos han cambiado y La matanza de Texas ya no es lo que era (es difícil que nos sorprenda la violencia después de ver un par de telediarios), pero la cinta es un digno homenaje al orginal y añade algunos componentes especialmente interesantes como la presencia de Jessica Biel. Durante la primera media hora los espectadores podrán disfrutar de su exuberante presencia en pantalla, con curiosos planos que empiezan en el ombligo y terminan antes de llegar a la cabeza. Las espectadoras supongo que también pueden disfrutar de otras cosas, pero de eso no hablaré porque no entiendo. El momento anecdótico de la película tiene lugar cuando la Jessi encuentra a un amigo colgado de un gancho de acero y éste le pide que termine con su sufrimiento. Ella, con más buena voluntad que otra cosa, acaba por hundirle un enorme cuchillo en los intestinos, encontrándose este tipo de muerte en el top cinco de maneras más dolorosas de transitar hacia el otro mundo. La vida no está exenta de cierta ironía. Hay que notar que en esta adaptación a los tiempos modernos incluye un par de licencias sobre el original que me han llamado la atención:
No deja de resultar curioso que se cambie un inocente corte por un tremendo amasijo de sesos y que se haya sustituido el final por algo más blandito. La corrección política tiene lecturas interesantes en la industria cinematográfica norteamericana. Persecuciones, palurdos que han perdido la chaveta, los protagonistas colgados de ganchos de carnicería, motosierras... La película no decepcionará a los amantes del género ni a aquellos que quieran verle las cotufas a Jessica Biel.
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[Crítica] Incubus (El experimento)Recuerdo que, cuando era un chaval, miraba hacia atrás y me decía que nunca había visto una película que no me hubiera gustado. Eran tiempos en que sólo se iba al cine en navidad, y qué duda cabe de que yo debía de tener una mente ciertamente impresionable. También eran tiempos de E.T. y de Regreso al futuro, películas que han marcado a mi generación. Desgraciadamente, me he hecho mayor y las cosas han cambiado. Ahora me tengo que tragar una media de tres bodrios para encontrar algo que me llame la atención. Incubus es el segundo título de una de esas series de tres bodrios. Uno de mis defectos es que, una vez he empezado a ver una película, me cuesta horrores no terminarla. En ocasiones como esta echo de menos un poco más de virtud por mi parte. Seis jóvenes tienen un accidente en mitad de un montañoso paraje perdido en alguno de esos enormes lugares de los USA en los que no hay nada, ni Sheriff, ni cobertura del móvil, ni siquiera un Dunkin' Donuts. Tras una caminata por el bosque en el que se nos presenta la paleta de personajes, nuestros amigos llegan al clásico búnker secreto en el que la CIA experimenta con cosas. A partir de ahí, la debacle. El reparto es penoso. Está compuesto por los estratos clásicos de la juventud norteamericana: el guaperas, la rubia de las tetas grandes, la chica tonta, el negro, la niña pija que está como un queso y el tipo que sirve de comodín y que lo mismo cambia una bombilla que le parte la crisma a alguien. Les ha faltado el mejicano con bigotillo y sombrero de paja apaleando una piñata a mitad de cinta. A los quince minutos ya están claros los papeles y las sorpresas son mínimas, porque desde luego no sorprende en absoluto que la rubia desconozca los sujetadores deportivos y que le tengan que saltar las tetas al bajar cada escalón. El hecho de que estas escenas constituyan lo mejor de los noventa minutos no creo que arrastre a nadie a las salas de cine. Como decía, grupo de jóvenes llega a instalación perdida en la que se lleva a cabo experimento secreto. Lo hemos visto mil veces, y este metraje no aporta nada nuevo al cliché. A pesar de lo sobado del argumento, durante la primera media hora uno conserva la esperanza de que no todo esté perdido. A partir de la primera muerte (no creo que esto sea un spoiler a estas alturas) la película entra en barrena y los acontecimientos se precipitan de manera inconexa y ridícula para terminar con momentos realmente hilarantes. Lo peor que le puede pasar a uno, aparte de que la bomba de succión de una piscina le atrape el pene, es terminar riéndose en una película de miedo. Procuren no perder el tiempo o la salud con alguna de estas actividades.
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