A propósito de Igor

Salgo a la calle, abriendo el pomo invertido de mi portal, más propio de un frigorífico que de la puerta de una finca, y comienzo a andar por la calle dónde yo vivo. Pronto me doy cuenta de que el pomo invertido más que un error del constructor es, más bien, una advertencia. Fuera hace un frío de mil demonios.

(...)

En esta ocasión giro a la izquierda, comenzando a andar a paso rápido, el frío obliga.

(...)

De pronto me acuerdo de alguien, de algo muy bonito, lo más bello y venenoso que he visto en esta ciudad, y pienso:

“Echaré de menos tus labios aunque no los haya besado, echaré de menos tu cuerpo aunque no lo haya acariciado, echaré de menos tus carícias aunque con ellas sólo haya soñado, echaré de menos tu sonrisa aunque con ello pierda la mía.

Te digo adiós aunque no me haya ido, aunque siga viéndote, aunque siga hablándote, aunque siga escuchándote. Estoy contigo y ya te echo de menos.

Te digo adiós y no tengo el valor de despedirme, de lanzarme, de abrazarte, de besarte. Cuando vueles serás tu la que me dirás adiós y una lanza me atravesará el estómago, que es dónde está el corazón, porque es lo que duele cuando te lo rompen.

Maldeciré el no haberte cogido de la mano, bajo la nieve, para haberte parado y mirarte bien a los ojos, los tuyos, los que echaré de menos. Maldeciré ese momento, que no llegó nunca, en el que no hubiera dicho nada, sólo te hubiera mirado, te hubiera acariciado el pelo, la mejilla, el cuello, con las mismas manos cálidas que ahora, en mi cerebro, escriben esto. Me hubiera inclinado lentamente, acercando mis labios a tu boca, sin decir nada, acariciándote la cara, y te hubiera besado mientras mi corazón, desbocado, alcanzaría mi garganta, y mis manos, casi ardiendo, recorrerían tu rostro, tu cuello, tu cabello.

Entonces podría recordar la calidez de tus labios, la humedad de tu lengua, tus manos en mi cuello, tus susurros dulces, como dulces deben ser tus besos.

Quisiera poder recordar tu cuerpo desnudo a la luz de la noche y el calor, nuestro calor, bajo las sábanas. Grabar a fuego, en las paredes de mi cerebro, la primera vez que hubiera recorrido tu piel, tus curvas, la suavidad de todo tu cuerpo, el sabor de todos tus secretos. Recordaría el deseo reflejado en tu cara, recordaría ese instante, antes de entrar en la calidez de tu cuerpo, esa sensación de estar al borde de un precipicio, a punto de saltar, sabiendo que en esta ocasión, como un pájaro, podría volar. Recordaría el olor de tu cuerpo, su calor, su contacto con el mío. El placer reflejado en tu cara y en tu voz, en tus gemidos, y tus manos en mi espalda, en mi cintura, acelerándome, provocándome, volviéndome loco.

Y no hubiera olvidado jamás el haberte mirado a los ojos, perdiendo el mundo de vista, notando la tensión de tu cuerpo, tu espalda arqueada, la descarga eléctrica que te paraliza contrayendo todos tus músculos, que te difumina el rostro, sublimándote en la viva imagen de la belleza, para dejar, finalmente, que mi vida entera se adentrara inundando tu cuerpo.”

(...) Busco el bar y lo encuentro más lejos de lo que recordaba. Entro y sonrío a la camarera porque ella me está sonriendo también. (...)

(...)

Ellen me cuenta sus penas con la intensidad de siempre, con esa determinación en la voz que podría mover montañas. (...) Yo le cuento las mías, medio mintiendo, haciéndome el fuerte, el duro, me da miedo contagiar a la gente o, peor, que la gente se piense que lo que me pasa es contagioso. (...) De pronto recuerdo otro diálogo, que describe perfectamente lo que quiero que me pregunten y lo que no llego a responder:

“Era lo que se llama un hombre raro. Nunca olvidaré el diálogo que entablamos aquella vez que le encontré llorando silenciosamente:

¿Por qué lloras? -, le pregunté conmovido.

Lloro por nada -, me respondió luego de un breve silencio.

¿Es acaso por la vanidad de todo?

Las vanidades del mundo apenas me hacen sonreir. En este instante yo no sonrío, lloro.

¿Lloras entonces porque sufres? -, volví a indagar.

El sufrimiento no me hace llorar. A veces me desespera. Pero en todo caso me obliga a luchar para vencerle. Ahora no desespero ni lucho: lloro.

¿Quizá una inmensa alegría te arranca esas lágrimas? -, díjele con optimismo.

Y él me replicó mirándome a los ojos:

No. Mis alegrías suelen ser mudas. Lloro porque corrí tras una bella ilusión, y esa ilusión se ha convertido en nada. Lloro por nada.” (*)

Llaman a Falko por teléfono y, después de colgar, dice que hay un buen bar en Kastanien Allee número 74. El nombre de esa calle, Kastanien Allee, no se me va a olvidar nunca. (...) Dice Falko que, para entrar al bar, hay que picar en el timbre que pone “Anwalter”. Una chispa me enciende el cerebro de nuevo y empiezo a hablar con ganas otra vez. Ese bar no está en Kastanien Allee 74, sino en Kastanien Allee 1, y se llama Rodeo Bar, digo mientras Falko asiente. (...) Estuve allí la semana pasada con D, sigo diciendo. Dónde dices que está el bar, pregunta Ellen. Direkt um die Ecke, respondo.

(...) Salen todos y Ellen me habla, me pregunta por D, y D, oportuna, me llama al móvil. Ahora me dirijo al Rodeo, me dice. Yo voy para allá también con Ellen, contesto. Andamos y Ellen retoma el tema de D. Yo contesto mecánicamente, no me creo ni lo que digo, y el cajero automático fulmina el diálogo. He de sacar dinero, no mucho, la verdad ya no queda mucho.

Salgo del cajero algo más rico, o algo más pobre, y cruzamos la calle.

(...) La puerta se abre y aparece esa mujer rubia que, sonriendo, nos pide que entremos. Entrar en este bar es como entrar en un teatro. Detrás de la mujer rubia hay una cortina negra bastante pesada, cuesta retirarla para pasar a través. Llego a un pasillo atestado de humo y, al fondo, un perchero abarrotado de chaquetas, bufandas, gorros y guantes. Dejo mi chaqueta y mi gorro a los pies del perchero, no hay otro sitio.

El bar está demasiado lleno, es incómodo estar allí. De golpe me encuentro frente a D, que está junto a Ellen y Peter. (...) No quiero estar mucho tiempo junto a ella, así de golpe, y me voy con Falko a la barra para pedir algo de beber.

Espero y espero, hay mucha gente, y mi cabeza vuelve a perderse y miro sin ver nada. Entonces recuerdo esto:

“Conocí a D el otoño de 2004 después de esperar a que ella llegara, sin saber que era ella a quién estaba esperando. Y como pasa con esas situaciones en las que recibimos un regalo que no estábamos esperando, acabé más impresionado de lo que cabía esperar. Dos hombres y dos mujeres yendo juntos a ver una película, una buena película, y, al final, ella y yo solos en el U-Bahn, camino de casa, cada uno de la suya, hablando tranquilamente.
Mirándola a los ojos, esos ojos oscuros, dos pinturas enmarcadas, mirando su pelo lacio y también oscuro, mirando sus manos, oyendo su voz tan dulcemente acentuada, observando sus labios al pronunciar las palabras, tan tranquilamente hablaba yo con ella que no quería dejarla, quería bajarme en su misma estación y seguir hablando tranquilamente con ella, quería acompañarla hasta su casa y saber dónde vivía, quería seguir hablando con ella mientras subíamos las escaleras hasta su piso, tan tranquilamente, quería ver cómo era dónde dormía, quería apagar la luz de su habitación y abrazarla, con tranquilidad, besarle los labios, besarle el cuello, acariciar su pelo y su cara, quería yacer con ella en su misma cama, provocarle todo el placer que se merecía, mucho, y susurrarle al oido, Tranquila, sólo es un sueño, mi sueño.

Llegamos a su parada y nos despedimos, yo debía seguir tres paradas más. Pensé en saltar del vagón, como había hecho en otra ocasión en la misma ciudad por motivos totalmente opuestos, y decirle, Es ridículo, lo sé, no nos conocemos a penas, pero quiero seguir hablando contigo, tranquilamente, no te vayas por favor, o si te vas, deja que te acompañe.

Finalmente bajé, pero tres paradas después, y me dirigí a mi casa dónde soñé.”

Despierto de nuevo y digo, Un Cuba-Libre, repondiendo a la pregunta de Falko. (...) Esta camarera tiene una mirada muy provocativa, muy insinuante. Hay personas que te desnudan con la mirada, pero ella, además, también se desnuda a si misma cuando te mira. Quizá soy el único que nota eso, ¡Tan sin remedio está mi cabeza!

(...) Hablo con Falko mientras termino mi copa. Quiero otra. Ellen, Peter y Michael quieren irse al Café Morgenrot. Falko y yo nos queremos quedar, por motivos diferentes. Sus motivos no los conozco pero yo me quiero quedar por la atracción que siento hacia una mujer y ese seguro que no es su motivo. Así que nos quedamos y pedimos una segunda copa. (...)

Me vuelvo a quedar absorto.

“Mi sueño se fué diluyendo conforme pasaban las semanas, casi diríamos que desapareció, pero con el nuevo año recién estrenado volví a encontrarme con ella sin saber, de nuevo la historia se repetía, que aquella noche con ella me iba a encontrar. Había otra mujer pero su encanto se desvaneció con sólo cruzar mi mirada con ella. Me asusté porque recordé de repente la última vez que la vi:

El vagón cerró sus puertas y el tren siguió con su trayecto. Solo, o mejor dicho, acompañado de extraños, la verdad no hay diferencia, con su rostro todavía en mi retina, proclamé, casi a gritos, en el salón de actos de mi mente, que si algo debía hacer en esta ciudad era volver a verla, que de alguna manera lo conseguiría, que volvería a verla por sorpresa y que, como dice el proverbio chino, lo conseguiría esperando el suficiente tiempo en el sitio adecuado.“

Me rescata Falko ofreciéndome un cigarrillo de su cajetilla roja de Gauloises. Fumo de nuevo y mis piés se van hacia dónde está D. Mi cuerpo, obligado, sigue a mis piés y llego, de cuerpo entero, a la esquina de la otra sala, dónde D habla con Petra y una pareja de alemanes que no conozco. Lo intento, lo intento mil veces, pero no lo consigo. No hay remedio. No tengo remedio. No consigo mirarla sin que mi cerebro se derrita. (...) Empiezo una charla, interesante como una visita al podólogo, con la alemana que no conozco. (...)

(...)

Falko sigue allí y Ellen, Michael y Peter se han transformado en un holandés con quijada de superhéroe y en una alemana sin nada a destacar, a parte de que es la pareja del holandés. Ella no me suena de nada pero a él lo conozco de algo. Indago un poco y todo queda aclarado, estaba también en la fiesta de Mike.

“Hoy, el rúbio ese me parece más interesante que otras veces, me dijo D. Eso me importa tanto como que ahora mismo le parta un rayo, pensé.”

(...)

Rescatamos a D y a Petra y nos sentamos en una de las mesas que, después del servicio de las cenas, ha quedado libre con mantel y velas incluidos. Empieza el juego de las sillas y la música, pero esta vez la música no para, yo no sabía que no iba a parar, y soy el único que queda de pié. Mi sitio, cómo no, en el quinto pino. Falko se va a buscar más bebidas y Petra, con su mirada de ángel, me dice que me siente junto a ella.

Ahora si que no lo resisto. Me rindo. No puedo más. Estoy enfermo. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo mirarla como el resto? ¿Por qué me siento tan estúpido? ¿Por qué vuelvo a beber el veneno si sé que el único remedio es no beberlo más? D, al lado de Petra, me mira y me desarma, soy plástico fundido, soy mantequilla en una sartén. Noto como empiezo a deshacerme y a deslizarme debajo de la mesa, dónde quedaré como un charco oscuro que mañana, a primera hora, limpiarán. Me tiro de cabeza a la lava, sabiendo que por muy bonito que sea el salto, por estilizadas que sean mis piruetas, al final acabaré convertido en un suspiro humeante confundido con el resto de vapores. Pero yo me tiro, o no sería yo.

La miro, le sonrío. Ella me sonríe también pero ¿Por qué? ¿Qué defecto tengo yo en mi cabeza para llegar a malinterpretar esas sonrisas de manera tan pueril?

“Ella estaba bailando en el comedor de la casa de Falko y me sonreía. Me miraba mientras se movía y yo sólo pensaba en hacer desaparecer a la gente, apagar las luces y deborar su cuerpo allí mismo, a la luz de la luna.”

Pregunto a Petra si cree que debería cortarme el pelo. Ella dice que así estoy muy süss mientras me acaricia el pelo. Y yo pienso en D. Son sus manos las que me acarician. Quiero cerrar los ojos y que Petra siga acariciándome el pelo, para poder seguir soñando. No lo hago, mejor, Petra se sentiría bastante incómoda. Le digo que no quiero parecer süss, que quiero ser leidenchaftlich. Se ríe y me dice que entonces mejor me lo corte.

“Yo te considero un amigo. Me gustas pero en algun momento me voy a sentir atraída por otro hombre que no me entiende como lo haces tu, que no es tan bueno como tu, que es un idiota, no como tu.

¡Tierra trágame!, al final lo has conseguido chaval, te has convertido en el Amigo, pensé mientras recogía del suelo los miles de trozos esparcidos que minutos antes habían conformado mi alma. Entre esos trozos reconocí sorprendido unos de color rojizo. También me habían roto el corazón.”

(...) Falko me pregunta por D, me dice que es muy atractiva, y yo le contesto con frases de hombre confiado, de hombre que olvida a las mujeres como olvida el cumpleaños de su suegra, como el hombre que nunca he sido, pero mi tono es tan lastimero y mi mirada tan suplicante de ayuda, que no creo que me crea.

Entre Falko y yo convencemos a D para que se venga con nosotros al Kaffe Burger. Siempre convenciendo a la gente. Todavía espero a que alguien me convenza a mí de algo.

“No creo que vaya a encontrar a una escritora tan interesante, atractiva e inteligente como tu.”

No quiero que venga, ya me sé el final de la historia. Yo volviendo a casa con un agujero en el estómago y maldiciendo momentos que nunca llegaron a pasar. (...)

Recojo mi chaqueta, dejo mi correo electrónico en el libro de visitas y bajamos a la calle. (...) D viene también, pero parece que en cualquier momento vaya a huir corriendo. Yo tembién tengo ganas de huir corriendo y no parar hasta llegar a la Costa Brava y pergarme un chapuzón frío en las aguas del Mediterráneo.

(...)

(...) El camino hacia el Kaffe Burger me irrita. Es el camino al matadero. (...)

Entro al Kaffe Burger y de repente me siento mucho mejor. Creo que lo soportaré. Aquí hay un montón de gente y seguro que me cruzo con alguna mujer que hará que me olvide de D. Nos adentramos en el local y a D la secuestran una decena de compatriotas. Mejor así, pienso.

(...) Pido mi tercer Cuba-Libre. La pista está abarrotada y es imposible bailar. Me acuerdo de D y, rápidamente, sin molestar, me mezclo con la torba (...) y le digo, Estamos ahí delante. Me vuelve a sonreir.

Vuelvo con los demás y, al mirar a la tarima, veo una mujer morena, muy guapa. Ella me mira también y nos quedamos mirando unos diez segundos. Me olvido de D. Giro la cabeza para beber y me siento mucho mejor, muchísimo mejor. Lo conseguiré. Giro mi cabeza para buscar de nuevo a la mujer morena y la veo acosada por tres hombres, que nada tienen que ver conmigo, y ella, sonriente, despacha con todos ellos. Me desanimo. No estoy para competir con otros. Miro detenidamente a la pista y todos son hombres, casi todos.

Llega D despotricando de sus compatriotas. La acompaño al perchero. Me siento totalmente anestesiado por el alcohol, no puedo pensar nada, y eso sólo puede ser malo, por que los pensamientos llegarán, aunque sea más tarde.

Bailamos. (...) D baila también, y mis pesadillas aparecen como rocas cuando baja la marea. Es la manera como mueve sus hombros y el motivo por el que los mueve, como diría Costello.

Suena una canción preciosa. Me acerco a D y de repente estoy abrazándola para bailar. Es un éxtasis que dura unos segundos.

Ahora estoy a tres metros de ella sin saber como he llegado allí. La canción sigue sonando y es más bonita que antes. Parece que las notas me lean el pensamiento y se amolden a mis deseos. Giro mi cabeza y veo a D bailando con uno de esos (...), el que tiene cara de más idiota.

La cabeza me estalla. Quiero parar el mundo y preguntar al responsable de la humanidad qué es lo que ha ocurrido: ¿Me puede decir porqué no puedo bailar con D?

“Adorava sentir tudo com a mesma intensidade que tu e ser eu a agarrar-te e beijar-te. Mas assim nao posso. Porque seria injusto e cruel. Desculpa. D.”

Es que este mundo ya no es que sea injusto, es que es una tomadura de pelo.

“Eu gostei muito de texto. Nao o quero esquecer. É claro que en sinto triste por nao poder viver algo que seria tao bonito. Tu és muito bonito. D.”

¿Acaso me he de conformar con ver la belleza, con oirla, con saber que existe? ¿Pero qué es lo que he hecho mal para no poder bailar con D?

“Ja sinto saudades tuas. D.”
“Y yo quisiera estar a tu lado, acariciarte el pelo y besarte.”

Maldito alcohol. Maldito yo que tropiezo dos, tres, mil veces con la misma piedra. Maldito yo que pongo la piedra en mi camino para tropezar con ella. Maldito yo que no sé ni bailar con D. Maldito yo que me he enamorado de ella. Maldito yo que la deseo y cuanto más me acerco a ella más se aleja. Maldito yo, maldito el mundo, maldita música, maldito local, maldita ciudad que me está volviendo loco.

Ahora tengo a Ellen, Falko y D delante de mí, uno al lado del otro, dispuestos para revista militar. Miro a D que me pregunta con gestos si me estoy durmiendo. Estoy que podría correr una maratón, pero sí, D, quiero dormir. Es en eso en lo que pienso, precisamente en eso. En dormir, claro. (...) Abrazo a D y me despido de ella, esperando, iluso de mí, que ella quiera irse conmigo. Me dice adiós.

Salgo a la calle y la nieve que me encuentro por el camino recibe toda mi rabia. Quiero correr, quiero nadar en el mar. Quiero abrazar a D. Quiero caerme al suelo desmayado y despertarme al día siguiente, un día soleado, por los susurros de D al decirme “Abre los ojos”, y descubrir que ella en realidad está enamorada de mí también. Que salió detrás de mí del local y que no me encontró. Que esta mañana, al ir a comprar verduras, me ha encontrado tirado en el suelo. Que ya no he de llevar esa horrible máscara, que mi cara no está desfigurada.

Ando y no me canso. Quiero llorar mas no puedo, tengo el alma seca.

“I can't pretend no more.”

(*) Diálogo, Carlos Castañón Barrientos. Cuentos brevísimos.

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Jo, buenísimo

Pues eso, al principio hay un poco de lío con los
personajes, pero describe perfectamente una situación a la
que muchos no hemos enfrentado. ---FDO. ER_MELENAS

Un año y algo de distancia

Hay cosas que nos han pasado a todos en algún u otro momento de la vida, y según leia tus palabras podía ponerle rostros, nombres, olores y lugares a mi D...

'Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque' (B. Brecht)

http://quikenobi.buzznet.com

como nadie lo dice

o lo dijo, más bien, pues me veo obligada a decirlo yo...

quizás la historia llegara, o no, a buen puerto, pero con lo monísimo que eres y lo bien que escribes, seguramente D no tuviera ni idea de lo que pasaba por tu mente. y es más, creo que te equivocas con lo que dices del H&M, si lo que quieres ligar, imprime esto y déjalo caer "sin querer" en alguna parte, y te digo que en menos de 10 minutos tienes a unas cuantas yendo al registro civil y a cambiarse el nombre por D...
Yo lo haría...

Buf

Buf Que bien describes sus sentimientos y su deseo hacia ella, me encantaría que sintieran lo mismo por mí o sentirlo yo (sí ya sé que se sufre pero es increíble eso de estar enamorada ¡¡¡vale la pena!!)y si fuera mutuo..... sería ya como tocar el cielo con las manos :).
Decirte que has tocado mi fibra sensible, has despertado sensaciones que creía que tenía olvidadas y me ha gustado mucho leerte.
¡¡¡Gracias!!!

Aclaracion

Creo que conviene dejar claro que este texto no es mio, sino que pertenece a MVM (quien quiera que sea) y que entro en ESDLV en la seccion que tuvo hace un par de anyos en la que los lectores podian mandar sus pequenyas obras.

Al Cesar lo que es del Cesar :)

Aquí el César

Por casualidad he vuelto a leer lo que escribí hace casi dos anyos. Madre mía, qué tragedia griega llevaba yo por las venas aquel invierno. MVM era mi usuario antiguo: Manuel Vázquez Montalbán.

A modo de epílogo, y por si a alguien le da por aparcar los ojos por aquí, explicaré qué es lo que ocurrió finalmente.

Conseguí olvidar a aquella preciosa portuguesa que finalmente dejó Berlín. Después vino lo que vino, la primavera, y volví a ganar la autoestima que nunca debí haberme dejado robar. Conocí a otras mujeres y volví a enamorarme otra vez. Otra vez en invierno y otra vez salió mal. Seguí conociendo a más mujeres y cuando creía que me iba a convertir en un alcohólico vividor, que se suicidaría al cumplir los sesenta, fue cuando...

Salut!

¡Salud!

¡Brindo por ello!
________________________
Jack Maybrick.
Presidente del Comité a Favor de la Instauración del Día Internacional del Hombre.

Ays

Ays ¡¡¡ cuántas pequeñas tragedias griegas nos pasan en la vida y la cuestión es que en ese momento nos parecen inmensas :-S!!!.
Lo bueno, es que la mayoría de veces cuando miramos atrás, podemos acordarnos con una sonrisa en la cara e incluso reírnos a gusto, algunas también hacen que se escriba un texto tan bonito como éste tuyo. :)

El Rodeo

Yo era asíduo del Rodeo hace dos años, vete a saber si llegamos a coincidir por allí.

La última vez que pasé por la Kastanien Alle (la calle donde se pillan las castañas), justo unos días antes de abandonar Berlín, me encontré con que el edificio entero estaba cubierto por un andamio, y aquello tenía pinta de que las fiestas en el rodeo se habían acabado. ¿Me equivoco? Ojalá que sí, porque me encantaría volver.

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www.davidllada.blogspot.com

Pues seguramente coincidimos

Pues seguramente coincidimos y hasta puede que te haya pisado el pie en el local ese. Siempre andaba pisando a la gente en el Rodeo.

Hoy me ha llegado un mensaje de su lista de correo. Han vuelto a abrirlo. Se sigue llamando Rodeo pero ahora está en la Pappelallee. Se han mudado de la calle de los castannos a la calle del papel. El próximo lo abrirán en la calle del pez, digo yo.

Salut!

dirección exacta?

¿Sabes el número/piso? Si puedo volver este verano me gustaría muchísimo ir a alguna de ésas fiestas. ¿Siguen siendo los lunes?

PD: Perdona que te use de guía, pero tengo una clase rara de ostalgia :-)

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www.davidllada.blogspot.com

Aquí está la dirección:

Aquí está la dirección: Rodeo Club – Pappelallee 15 – Ballhaus Ost

Yo todavía no he ido. Ando más liado que la pata de un romano. Si te pasas por Berlín avísame, que para hacer el gamberro con desconocidos siempre hay tiempo y ganas :-)

Salut!