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[Tira] Lectura mental
Sweet JaneEn lo que parece una cita anual obligada, estas navidades he vuelto a abrir el GarageBand y me he enfrascado en la creación musical. Esta vez no tenía mucho tiempo, así que he cogido algo sencillo y lo he simplificado más. Lo bueno de Sweet Jane es que son tres acordes que se repiten todo el rato, con lo cual la cosa termina bastante rápido. En realidad hay un par de exquisiteces, pero ya digo que cuando se mete la tijera se acaba en unas horas. Luego se coge un "headset" de teleconferencia comprado por cuatro chavos y se meten unas voces para dar el pego. El resultado: Sweet Jane [Audio, mp3, ~3.5min] Hasta que Lou Reed no se muera, y no se pueda levantar de la tumba, creo que estaré a salvo. Edito: Garageband es un programa que permite grabar diferentes pistas para mezclarlas después. Dispone de sonidos de batería y otros instrumentos que pueden usarse para la composición. En este caso habrá unas diez pistas. En una están la caja y el bombo, en otra los platillos, en otra el bajo (metido con la guitarra eléctrica), en otra unas maracas, en otra la propia guitarra (en realidad hay tres pistas de guitarra) y finalmente hay tres pistas más que contienen la voz (principal y dos de coros).
Experiencias gratas de fin de añoOcurrió ya hace algunas semanas. Yo había quedado en un bar para cenar con un amigo. Íbamos a seguir haciendo recuento de todas las cosas que no nos gustaban de nosotros mismos y a continuar haciendo planes sobre todo aquello en que nos queríamos convertir. Era de noche y caminaba por la acera con las manos en los bolsillos y los auriculares en las orejas. No recuerdo qué sonaba. A la altura del pub irlandés me adelantó una chica en bicicleta que se giró al rebasarme. Una pedalada después se cruzó sobre la acera cerrándome el paso. Me pregunté qué estaba sucediendo. Hubiera dicho que aquello era un control de carretera, pero allí no había metralletas ni tíos con gorra. Sólo una chica alta y guapa en bicicleta. No recordaba ninguna pesadilla que hubiera comenzado con aquel guión. —¿Te llamas Javier? —dijo. —Sí —contesté. En realidad fue un sí de esos largos, de los que quieren decir "sí pero tengo la impresión de que me estoy metiendo en un lío". —¿Javier Malonda? —preguntó de nuevo. —Sí —dije con el mismo tono cauteloso de antes. No sabía a qué atenerme. Aquello podía acabar de cualquier manera. O bien me tomaba de la manga y me arrastraba al interior del pub susurrándome que la poseyera en el baño de mujeres, o bien decía "Tú mataste a mi padre, prepárate a morir". En aquel momento ambas opciones se presentaban equidistantes. Ella sonrió y dijo: —Fan y admiradora incondicional. Estaba visiblemente nerviosa y le temblaba la voz, así que no descarté que en realidad yo hubiera matado a su padre. Aunque no es ni mucho menos la primera vez que me encuentro con lectores, desde luego es la primera vez que me paran por la calle. No puedo negar que es sumamente gratificante, mucho más que cuando te paran para pedirte una dirección, un cigarro o un euro. Creo recordar que la tarde anterior había ido a ver a Armando. Un lector y alumno suyo había dejado un comentario diciendo que Armando tenía a la entrada de la academia la columna que yo había escrito unos años antes. Como quiera que ahora vivo relativamente cerca, y tenía desde hace tiempo una visita pendiente, me dejé caer por allí. La columna, efectivamente, ocupaba un lugar prominente en el breve vestíbulo y se extendía a lo largo de la pared en unas cinco o seis páginas. Un chaval de mi edad me salió al paso. —Hola, ¿te puedo ayudar en algo? —Hola. Quería ver a Armando. —Ahora mismo está en clase. ¿Es importante? —No, no es importante. Déjalo, ya vendré luego. —¿Quién eres? —Soy el que escribió la columna esa que tiene a la entrada —dije con una sonrisa con un punto de vergüenza. La cara le cambió. Me dijo que le acompañara y llegamos al final del pasillo. Armando bregaba frente a la pizarra contra fornidas ecuaciones diferenciales. Por un breve instante, me trasladé en el tiempo a un lugar jodido pero agradable a la vez. —Armando, mira quién está aquí —dijo el chico. Armando salió a través de la puerta entornada y me miró confuso. —No te acordarás de mí —le dije. —Dame una pista... —Yo escribía en el Biela. —¡La hostia! —gritó llevándose las manos a la cabeza. Cerró la puerta de la clase, me cogió del brazo y me llevó hacia la entrada a través del pasillo. "Mira lo que tengo aquí" dijo mientras señalaba los papeles ordenados sobre la pared. Después me metió en su despacho. —Armando —apunté—, que te has dejado a los chavales en clase. —¡Bah! —dijo con la mueca que se suele hacer en esos casos. Estaba visiblemente emocionado. No paraba de gesticular y, con la mano llena de tiza, me dio una palmada en el hombro sobre la cazadora negra. No pude evitar sonreír. —Eres la persona en el mundo a la que más quería ver. Me preguntaba "¿Cómo podría yo contactar con este tío? —dijo. Cada vez me resulta más evidente que la vida tiene ese punto mágico y que, cuando uno anhela ciertas cosas con la suficiente "lo que sea", el mundo opera con tentáculos que nadie puede explicar. Y allí estaba yo. —Cuéntame, ¿qué es de tu vida? No supe por dónde empezar. Le hubiera contado que en Marzo creí haberme vuelto loco y que todavía no me había terminado de rehacer, pero le conté la versión breve: que había estado trabajando en Alemania hasta que se me había hecho obvio que la ingeniería no era lo mío y había vuelto para escribir y dibujar y algunas cosas más. —Claro, hombre, eso ya lo sabía yo. Un tío que ve las cosas como tú no puede estar ocho horas al día encerrado en una oficina. Aquello para mí fue profundo, revelador. Causó en mí el mismo impacto que cuando el Juli dijo "El chochito, menudo invento". Armando continuó sin darme tiempo a encajar todas sus palabras. —Yo siempre digo que uno tiene que hacer lo que le haga feliz. ¿No me lo has oído decir? Probablemente lo había oído antes de su boca, pero estaba demasiado ocupado amargándome con ecuaciones diferenciales en derivadas parciales. Media vida durmiendo. El resto de la conversación giró en torno a la columna sobre él. Dijo que la había enseñado a profesores de lengua y que todos decían que estaba que te cagabas por la pata abajo, y que su mujer opinaba que era lo más bonito que nunca nadie había escrito. Yo me sentía desbordado por todas partes. Armando me dio una palmada en la rodilla y dos más en la espalda. Quedamos en volvernos a ver tras los exámenes. —Un tío tan interesante como tú ha de tener un montón de cosas que contar. Me pregunté qué podría contar yo que fuera interesante, y salí a la calle sacudiéndome la cazadora pero con una sonrisa en la cara. A finales del año pasado escribía una pequeña nota que terminaba así: "Nunca lo habría creído, pero el 2008 va a ser el año más grande de mi corta vida". No puedo negar que este año que ahora termina haya sido, a su manera, de lo más grande, pero creo que en el futuro formularé mis deseos de una manera más específica. No estaría mal, para empezar, que el nuevo año trajera más experiencias gratas como las que hoy describo. El resto de deseos los guardo para mí y los iré relatando a medida que se conviertan en realidad. Feliz año nuevo a todos.
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